Oftalmología en el estado del arte
12 enero, 2018

Por Virgilio Galvis Ramírez

Ser Humano en cuyo proyecto de vida reina la transparencia en los actos o negocios y con independencia profesional planea antes de actuar y sabiéndose rodear, realizar proyectos íconos. No se mide por la competencia, solo busca los mejores estándares cargados de equidad y justicia social. El balance social es tan importante como el económico, solo que el primero si te lleva con éxito al segundo”.

El Líder comparte el éxito porque sabe que a la calidad en grado de excelencia, se le pega el dinero. Nunca busca en el azar las oportunidades porque sabe que la vida no es coincidencia… es el reflejo de su preparación y del tesón que tenga para construir, para ser, para dar. Los años lo hacen reacio y temeroso al reto de nuevas experiencias y su conciencia trata de conspirar contra el cambio; pero se obliga a aceptar la revolución del intelecto, pues si académicamente no está a la vanguardia, la vida le cobra con creces las oportunidades perdidas… las que por la edad no vuelven.

Solo a Don Quijote se le perdió el juicio y se le secó el cerebro de tanto pensar. El cerebro del líder es una esponja que asimila sin límite el acervo de enseñanzas y aunque difícil le resulta adaptarse a la evolución tecnológica sabe que para sembrar futuro, es imperioso salirse del montón. Sabe que para subirse al tren del éxito hay que despertarse, pues el tiempo pasa… el tren lo deja. Una persona sin un sueño es un barco a la deriva y de los sueños debemos ser protagonistas, nunca espectadores.

“Quien realiza con éxito sus sueños, es porque se ha despertado a contemplar los escenarios ideales a donde quisiera llegar y expresarse mejor para hacerlos realidad”. Es indispensable identificarlos, priorizarlos de manera coherente con su proyecto de vida; avizorando barreras, amenazas y debilidades para luego planear cómo superarlas con creces.

El líder no busca crecer a expensas de dañar a los demás. Ama la competencia como un sano elemento de crecimiento. Tiene valores de calidez en lo humano, eficiencia en lo profesional y conocimiento en lo científico. No busca ser el único, solo estar entre los mejores de la competencia, poniendo a su producto el sello de la diferencia. Sabe que el celo y la reserva para trasmitir conocimiento fueron una vez sinónimos de empoderamiento, pero que hoy el dar representa un acto de generosidad que nos hace crecer.

Para el arte de ejercer una profesión con éxito no existe en una cátedra universitaria. Si la preparación científica es importante, la calidad, donosura y calidez son las claves del éxito profesional que fidelizan al clientes en cualquier negocio y si los perdemos, se van a la competencia y se trasforma en difusores malsanos de nuestra imagen.

La vida es un péndulo y mientras unos suben otros bajan y, al caer, deben reconstruir sobre cenizas… y sin amigos, bancos y familia es bien duro y como los campeones, se necesita seguir jugando hasta ganar; solo que se demanda una gran dosis de humildad es para reprogramarse ante sí y ante la sociedad en su nuevo comienzo.

Sabe que la información es la clave del éxito y si quiere hacerla útil… no la debe buscar por caminos fáciles, que solo están llenos de espinas.

El éxito no es un don de pocos; está reservado para los mejores luchadores. Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña…”

Ser Humano en cuyo proyecto de vida reina la transparencia en los actos o negocios y con independencia profesional planea antes de actuar y sabiéndose rodear, realizar proyectos íconos. No se mide por la competencia, solo busca los mejores estándares cargados de equidad y justicia social. El balance social es tan importante como el económico, solo que el primero si te lleva con éxito al segundo”.

El Líder comparte el éxito porque sabe que a la calidad en grado de excelencia, se le pega el dinero. Nunca busca en el azar las oportunidades porque sabe que la vida no es coincidencia… es el reflejo de su preparación y del tesón que tenga para construir, para ser, para dar. Los años lo hacen reacio y temeroso al reto de nuevas experiencias y su conciencia trata de conspirar contra el cambio; pero se obliga a aceptar la revolución del intelecto, pues si académicamente no está a la vanguardia, la vida le cobra con creces las oportunidades perdidas… las que por la edad no vuelven.

Solo a Don Quijote se le perdió el juicio y se le secó el cerebro de tanto pensar. El cerebro del líder es una esponja que asimila sin límite el acervo de enseñanzas y aunque difícil le resulta adaptarse a la evolución tecnológica sabe que para sembrar futuro, es imperioso salirse del montón. Sabe que para subirse al tren del éxito hay que despertarse, pues el tiempo pasa… el tren lo deja. Una persona sin un sueño es un barco a la deriva y de los sueños debemos ser protagonistas, nunca espectadores.

“Quien realiza con éxito sus sueños, es porque se ha despertado a contemplar los escenarios ideales a donde quisiera llegar y expresarse mejor para hacerlos realidad”. Es indispensable identificarlos, priorizarlos de manera coherente con su proyecto de vida; avizorando barreras, amenazas y debilidades para luego planear cómo superarlas con creces.

El líder no busca crecer a expensas de dañar a los demás. Ama la competencia como un sano elemento de crecimiento. Tiene valores de calidez en lo humano, eficiencia en lo profesional y conocimiento en lo científico. No busca ser el único, solo estar entre los mejores de la competencia, poniendo a su producto el sello de la diferencia. Sabe que el celo y la reserva para trasmitir conocimiento fueron una vez sinónimos de empoderamiento, pero que hoy el dar representa un acto de generosidad que nos hace crecer.

Para el arte de ejercer una profesión con éxito no existe en una cátedra universitaria. Si la preparación científica es importante, la calidad, donosura y calidez son las claves del éxito profesional que fidelizan al clientes en cualquier negocio y si los perdemos, se van a la competencia y se trasforma en difusores malsanos de nuestra imagen.

La vida es un péndulo y mientras unos suben otros bajan y, al caer, deben reconstruir sobre cenizas… y sin amigos, bancos y familia es bien duro y como los campeones, se necesita seguir jugando hasta ganar; solo que se demanda una gran dosis de humildad es para reprogramarse ante sí y ante la sociedad en su nuevo comienzo.

Sabe que la información es la clave del éxito y si quiere hacerla útil… no la debe buscar por caminos fáciles, que solo están llenos de espinas.

El éxito no es un don de pocos; está reservado para los mejores luchadores. Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña…”

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