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Por Virgilio Galvis Ramírez

Los impuestos, tasas y contribuciones son tributos obligatorios de fiscalidad, que las personas y empresas tienen que pagar para que el Estado pueda financiar su funcionamiento y las obras públicas de bien común como la construcción de infraestructuras (carreteras, puertos, aeropuertos, generadoras eléctricas), prestar los servicios públicos de sanidad, educación, defensa, sistemas de protección social (desempleo, prestaciones por invalidez o accidentes laborales) y todo de acuerdo a la “Capacidad Contributiva”, que obliga a que, por el principio constitucional de equidad, quienes más tienen deben pagar más para el financiamiento estatal. También se establecen tasas para disuadir la compra de determinados productos (alcohol y tabaco) o para gravar determinadas actividades económica como la adquisición, venta o renta de bienes, la prestación de servicios, la titularidad de derechos económicos, derechos por herencia o donaciones.

En Colombia la cantidad de tributos que el Estado impone son asfixiantes y pueden llegar en total al 74% de la utilidad fiscal para las personas jurídicas y 30% del “INGRESO BRUTO” (no neto) para las personas naturales; es decir de cada 100 pesos que se sudan en trabajo honrado, el gobierno quita 74 a las empresas y 80 de los INGRESOS NETOS de una persona natural. Los impuestos se aceptarían si el sacrificio guardase congruencia con reciprocidad de beneficios para con el pueblo; pero sabemos que una gran parte, va para los bolsillos de amigos de cuello SUCIO del gobierno. Todo lo anterior, sin contar con los tributos que se deben pagar a nivel departamental y municipal.

Si no se hubieran “tirado” 40.000 millones en la consulta liberal, se hubiese ayudado a construir mil casas de interés social. Si no se hubieran “robado” 12 billones de Reficar y los 10 billones de “Odeb-vías”, no se hubiese necesitado la reforma tributaria. La paz la debería hacer el gobierno dando mermelada buena, para construir obras, escuelas, hospitales, salud para el pueblo y no para sostener la vergüenza de los colombianos… la clase política que intimida con el poder y arrodilla a los necesitados

La realidad de los impuestos que pagamos riñe también con la injusticia. ¿Bajo qué precepto, las culturas religiosas o de millonarios pastores usufructúan diezmos y “otros” menesteres de sus feligreses y se les permite exención de tributación total?

¿Por qué su gobierno no aplica el control de los “BEPS” (del inglés “Base Erosion and Profit Shift” que se refiere a las maniobras evasivas de los grandes capitales), implementando las recomendadas estrategias para erradicar vacíos legales y actuar sobre recursos guardados en los paraísos fiscales.

Presidente Santos, ya no destruya más nuestra Colombia. Usted se irá a su “POBRE” mansión en Londres y dejará el país sumido en el más profundo deterioro de la historia.

 

Quienes quieran hacer cuentas más precisas sobre el costo de los impuestos en nuestro país los invito a revisar este documento preparado por el doctor Gabriel Vásquez Tristancho

 

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