Doctorado en Ciencias de la Visión en la Universidad de Oviedo, España.
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Para bien o para mal, nuestra tierra está plagada de recursos valiosos para la humanidad que deben ser extraídos para que el progreso siga su marcha.  Tal es el valor de estos recursos que los dineros de regalías (la plata que debe otorgar al Estado cualquier particular que extraiga minerales de nuestro suelo) llegan a ser una proporción muy importante del presupuesto de nuestro país.

Así las cosas, parecería indiscutible la necesidad de promover la actividad minera.  Sin embargo, en Santander y en varias regiones del país se presentan casos cuya realidad merece un análisis más profundo.  Es el caso del Nudo de Santurbán, donde se encuentra una gran reserva mineral que ha sido explotada ancestralmente de manera artesanal por los pobladores de la región y que hoy está en la mira de grandes capitales internacionales.

El asunto es espinoso y tiene varias aristas.  Por una parte está la necesidad de contar con nuevas fuentes de los minerales que allí se encuentran, que se conjuga con la necesidad de tener recursos para financiar las grandes necesidades del país y de esta empobrecida región minera.  Sin embargo, se da la circunstancia de que estas reservas están ubicadas en uno de los accidentes geográficos más importantes del país, donde se desprende la Sierra de Mérida y nacen importantes ríos como el Lebrija, el Zulia y el Pamplonita, además de numerosos afluentes de los ríos Catatumbo y Arauca.  Para completar la complejidad de este escenario, de las aguas que nacen en el páramo se surte el acueducto de Bucaramanga, que sirve a más de un millón de habitantes.

Es innegable que necesitamos una fuente de recursos financieros. Es cierto que allí podría estar la llave para la salida de la pobreza de esta región santandereana y de sus vecinos. Estoy de acuerdo en que la explotación de los recursos naturales sea una potestad del Estado y que someterla a decisiones democráticas puede ser inconveniente. Pero lo que resulta indiscutible es que no podemos asumir ningún riesgo, por pequeño que sea, de dañar el ecosistema que nos brinda el agua y que necesitamos lo siga haciendo para las generaciones venideras. De aquí se desprende mi posición sobre el tema y que quiero compartir con mis lectores: en el caso excepcional de Santurbán no podemos darnos el lujo de permitir la entrada de grandes empresas mineras para extraer los minerales, bajo ninguna circunstancia, ni siquiera ante la aseveración de mínimo daño ambiental, que según expertos es imposible de obtener.

Para finalizar debo decir que en mi opinión no podemos depositar nuestra confianza en una compañía fundada en capitales internacionales, surgida de múltiples mutaciones y operaciones económicas de gran escala, que le quitan cualquier carácter humano y la convierten en un monstruo financiero intentando mostrar una cara amable que nos recuerda la fábula del lobo con piel de oveja.  Además, no es posible sacar de este negocio la triste historia de corrupción existente en los dirigentes políticos de la corte y presidencial, que por “Emirdolares” venden la patria y dejan  envenenada a población del entorno, sin  fuentes hídricas saludables para vastas regiones de Colombia.  Más triste aun, los alcaldes del área involucrados, con poco conocimiento técnico y endulzados por aquellos capitales fabulosos (basta oírlos hablar) priman  los aspectos económicos sobre la salud pública de sus comunidades

Mi conclusión: Por necesario que se vea, no es posible permitir la explotación minera en gran escala en Santurbán ni en sus alrededores, pues técnicamente en un geosistema es imposible que una línea delimite de manera absoluta donde se hace daño al ecosistema hídrico y ambiental de la zona y donde no.  Todo no es plata en la vida; la sostenibilidad del planeta está más en el intelecto de los ambientalistas que en de los poderosos negociantes.

Para más información sobre el tema los invito a consultar este documento que me ha compartido mi amigo Gonzalo Peña.


 

Por: Virgilio Galvis Ramírez

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